El accidente vinculado a un camión de Gasco, reactivó el debate sobre los estándares de seguridad en el transporte de sustancias peligrosas y la importancia de fortalecer competencias, mantención preventiva y cultura de seguridad.
Santiago, febrero de 2026. El reciente accidente vinculado a la empresa Gasco en la comuna de Renca reabrió la discusión sobre los estándares de seguridad que deben cumplir las operaciones que involucran transporte de sustancias peligrosas. Especialistas señalan que, más allá de la tecnología o los protocolos formales, la prevención depende principalmente de cuatro factores: competencias de los operarios, mantención preventiva de los equipos, responsabilidades claramente definidas y una cultura de seguridad sólida.
“El traslado de cargas peligrosas implica riesgos relevantes para las personas, la infraestructura y el medio ambiente. Por ello, los procesos deben ejecutarse bajo protocolos rigurosos que aseguren tanto el estado técnico de los vehículos como la preparación de quienes los operan”, señala Cristián Arancibia, gerente general de MG Certifica, especialista en gestión por competencias en la industria minera y logística en Chile.
Competencias operativas y capacitación permanente
Uno de los pilares del sistema de seguridad es la formación de los conductores y operadores. Los expertos en la materia indican que los trabajadores deben contar con entrenamiento específico para operar este tipo de equipos, generalmente impartido por representantes de las marcas o fabricantes, y homologado a la normativa vigente en Chile.
A ello se suma la capacitación en los procedimientos y estándares propios de las empresas para las que prestan servicios, tanto de transporte como de las compañías que utilizan las sustancias.
Según aclara Arancibia, las evaluaciones de competencias también deben considerar las condiciones particulares de cada operación. “Factores como el clima, el tipo de ruta o el entorno geográfico pueden modificar los riesgos asociados a la tarea. Por ejemplo, un conductor entrenado para operar en zonas de clima seco no necesariamente tendrá las mismas competencias para trabajar en rutas con hielo o ventiscas”.
En ese contexto, destaca que la verificación de competencias no se entiende como un proceso puntual, sino como una evaluación permanente que debe actualizarse según las condiciones de cada actividad.
Mantención preventiva como base de la seguridad
La mantención preventiva de los equipos constituye otro elemento central para reducir incidentes. En vehículos de transporte de carga, el estado de componentes críticos —como neumáticos, frenos y sistemas de control— es determinante para garantizar estabilidad, adherencia y control del vehículo durante la conducción.
Antes de iniciar cualquier operación, el conductor debe realizar una inspección del equipo que considere el estado de los neumáticos, los sistemas de luces y señalización, la estabilidad de la carga, la integridad estructural del vehículo y la documentación correspondiente.
Asimismo, debe revisar la bitácora del camión para confirmar que las mantenciones preventivas y correctivas estén actualizadas conforme a las recomendaciones del fabricante. Solo cuando estas condiciones se cumplen el equipo puede considerarse apto para operar.
Responsabilidad compartida en la gestión del mantenimiento
El experto de MG Certifica, recalca que la seguridad no puede depender exclusivamente del conductor. “La gestión del mantenimiento es una responsabilidad compartida entre la empresa propietaria de los equipos, los talleres autorizados por los fabricantes y los propios operadores. “Las empresas deben asegurar que los vehículos cumplan con los programas de mantención definidos por los fabricantes, mientras que los talleres certificados son responsables de ejecutar las revisiones y reparaciones bajo estándares técnicos establecidos”.
Toda esta información debe quedar registrada en las bitácoras del equipo y disponible para que el conductor pueda verificarla antes de iniciar la operación.
Cultura preventiva y control del riesgo
Más allá de los aspectos técnicos, Arancibia destaca que la cultura preventiva sigue siendo uno de los desafíos pendientes. Si bien sectores como la minería han desarrollado altos estándares de seguridad, esos aprendizajes no siempre se han extendido a otras actividades productivas.
En ese contexto, sostiene que uno de los principales aprendizajes que dejan los incidentes recientes es que ninguna operación que implique riesgos significativos puede ejecutarse sin haber controlado previamente todos los factores críticos.
“Fortalecer la cultura de seguridad implica, entre otros aspectos, garantizar que los trabajadores puedan detener una operación cuando detectan condiciones inseguras y que las empresas prioricen la prevención por sobre cualquier presión operativa”, aclara.
Avanzar en estas materias es clave para proteger la vida de los trabajadores, resguardar la infraestructura y reducir el impacto que este tipo de actividades puede tener sobre las comunidades y el entorno.