Nueva variante del COVID-19 se expande en varios estados de EEUU

La detección de la variante BA.3.2 del SARS-CoV-2, conocida como “Cicada”, ha generado atención en Estados Unidos tras confirmarse su presencia en al menos 25 estados durante enero y febrero de 2026, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). El hallazgo de este linaje, caracterizado por un número importante de mutaciones en la proteína spike, afecta a sectores de la población en todo el país y se vigila por su posible capacidad de evadir la inmunidad generada por infecciones previas o vacunación.

Según la cadena estadounidense NBC News, la CDC identificó por primera vez la variante en un viajero procedente de los Países Bajos en el aeropuerto de San Francisco en junio de 2025. Desde entonces, el seguimiento genómico en aguas residuales y muestras clínicas permitió rastrear la circulación de BA.3.2 en distintas regiones, aunque el número de casos detectados se mantiene bajo en comparación con las olas previas de COVID-19.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó a BA.3.2 como “variante bajo monitoreo” en diciembre de 2025 debido a la cantidad y naturaleza de sus mutaciones. El surgimiento de esta variante ocurre en un contexto de vigilancia epidemiológica reducida y después de la circulación de linajes como JN.1 y LP.8.1, que dominaron durante 2024 y parte de 2025, de acuerdo con datos oficiales y la plataforma global de vigilancia GISAID

De acuerdo con la CDC, los síntomas más comunes asociados a la variante BA.3.2 no muestran diferencias significativas respecto a los causados por otras variantes del SARS-CoV-2. Los signos clínicos más comunes incluyen:

Tos seca o productiva.
Fiebre o escalofríos.
Dolor de garganta.
Congestión nasal.
Dificultad para respirar.
Pérdida de olfato o gusto.
Fatiga generalizada.
Cefalea.
Molestias gastrointestinales, como náuseas y diarrea.

La lista fue confirmada por la CDC en su último informe sobre variantes bajo vigilancia y coincide con la reportada en los partes epidemiológicos de la OMS. Según la información recogida por NBC News, “los síntomas de BA.3.2 son similares a los de otras variantes circulantes”, una afirmación respaldada por expertos como Adolfo García-Sastre, director del Instituto de Salud Global y Patógenos Emergentes del hospital Mount Sinai.

La CDC identificó la presencia de la variante BA.3.2 en las siguientes jurisdicciones: California, Nueva York, Florida, Texas, Ohio, Pennsylvania, Massachusetts, Nueva Jersey, Virginia, Carolina del Sur, Maryland, Connecticut, Vermont, Nevada, Missouri, Michigan, Maine, Idaho, Louisiana, Rhode Island, Utah, Wyoming, New Hampshire y Hawaii. El rastreo se realiza a través de vigilancia genómica y análisis de aguas residuales en colaboración con el programa WastewaterSCAN de la Universidad de Stanford.

Según la plataforma global de vigilancia GISAID y los informes de la CDC, la variante se detecta en menos del 5% de las muestras genómicas en Estados Unidos, aunque en países europeos como Dinamarca o Alemania alcanza hasta el 30%. La vigilancia permite anticipar cambios en la circulación viral y responder a posibles brotes de nuevos linajes.

La variante BA.3.2 se distingue por presentar entre 70 y 75 mutaciones en la proteína spike, la mayor cantidad registrada en una subvariante desde la aparición de ómicron en 2021, según el informe de la CDC publicado en marzo de 2026. Andrew Pekosz, virólogo de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, explicó: “La cantidad de cambios en la estructura viral podría permitirle evadir parte de la inmunidad ya existente en la población”.

El linaje BA.3.2 desciende de la variante BA.3, un sublinaje de ómicron que circuló por primera vez en 2022. Si bien BA.3 desapareció rápidamente, sus descendientes han mostrado una evolución lenta y sostenida, hasta alcanzar la actual circulación de BA.3.2 en varios continentes. Según NBC News, este linaje fue apodado “Cicada” por el profesor T. Ryan Gregory, de la Universidad de Guelph, debido al tiempo prolongado que permaneció con baja circulación antes de expandirse a nivel internacional.

La CDC y la OMS informaron que no existen pruebas de que BA.3.2 cause cuadros más graves ni hospitalizaciones en cifras superiores a las de otras variantes. De acuerdo con García-Sastre, “no hay evidencia de que BA.3.2 esté provocando un aumento de la gravedad de la enfermedad o de hospitalizaciones en los países donde circula”. Esta evaluación se apoya en el seguimiento clínico de los casos reportados y en la ausencia de cambios en la proporción de ingresos hospitalarios.

El monitoreo de la CDC indica que la variante no ha desplazado a los linajes predominantes en el país, como XFG (“stratus”) o NB.1.8.1 (“nimbus”). La proporción de casos vinculados a BA.3.2 permanece estable y no ha provocado un repunte de infecciones a gran escala, según el último reporte de la agencia federal.

Estudios de laboratorio citados por la CDC y la OMS indican que la protección conferida por las vacunas 2025-2026, especialmente las formuladas contra JN.1 y LP.8.1, podría ser menor frente a BA.3.2 en lo que respecta a la infección sintomática. Sin embargo, ambas agencias mantienen que la inmunización sigue reduciendo el riesgo de enfermedad grave, hospitalización y muerte.

“La vacuna sigue siendo la mejor herramienta de protección para las personas vulnerables”, afirmó Dana Mazo, infectóloga de NYU Langone Health, en declaraciones recogidas por NBC News. La OMS advirtió que las vacunas se actualizan anualmente en función de las variantes circulantes, por lo que no se descarta una reformulación si BA.3.2 aumenta su presencia global.

La variante BA.3.2 permanece bajo vigilancia por parte de la CDC y la OMS debido a su capacidad potencial de evadir la inmunidad existente. Según el virólogo Andrew Pekosz: “Si tuviera ventajas especiales, ya habría desplazado a otras variantes, pero hasta ahora no ha mostrado un crecimiento sostenido a nivel global”.

La reducción de la vigilancia activa y de la secuenciación genómica en varios países representa un desafío para el seguimiento de linajes emergentes. Las autoridades sanitarias insisten en la importancia de mantener la alerta y la capacidad de respuesta ante la eventual aparición de nuevas variantes con mayor transmisibilidad o gravedad.

La CDC concluyó en su último informe que el impacto de BA.3.2 en la salud pública sigue siendo bajo, aunque su vigilancia continúa como medida preventiva.

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