El sonido alto y excesivo reduce la capacidad de percibir señales del entorno, incrementa el tiempo de reacción y puede favorecer conductas impulsivas al volante.
Conducir requiere mucho más que mantener las manos sobre el volante. La capacidad de reaccionar oportunamente frente a un imprevisto depende de la atención constante del conductor, la que puede verse afectada por hábitos cotidianos que suelen pasar inadvertidos, como escuchar música a un volumen excesivamente alto.
En Chile, durante 2024 se registraron 75.653 siniestros de tránsito y 1.439 personas fallecieron en las vías públicas. Si bien esta cifra representa la más baja de las últimas décadas, aún equivale a un promedio de cuatro personas que pierden la vida cada día en calles y carreteras del país. En este escenario, el perder la atención al volante continúa siendo una de las principales causas de los accidentes.
El máster en Salud Mental de la Facultad de Enfermería de la Universidad Andrés Bello, Juan Videla, explica que la distracción no solo está asociada al uso del teléfono móvil o al consumo de alcohol y drogas, sino que también puede producirse cuando el entorno sonoro interfiere con la información que el cerebro necesita procesar para conducir de forma segura.
«Desde la salud mental sabemos que conducir exige concentración permanente. El cerebro procesa simultáneamente señales visuales, auditivas y espaciales en cuestión de segundos. Cuando la música está demasiado fuerte, disminuye la capacidad de percibir sonidos fundamentales, como sirenas, bocinas o advertencias de otros conductores, aumentando el tiempo de reacción frente a situaciones imprevistas», señala el académico.
Videla agrega que algunas investigaciones también han observado que determinados ritmos musicales, cuando se escuchan a un volumen muy elevado, pueden favorecer respuestas más impulsivas al conducir, como acelerar innecesariamente o reaccionar de manera agresiva frente al tráfico.
El especialista enfatiza que escuchar música no representa un problema en sí mismo. «La música puede hacer más agradable el trayecto, siempre que se mantenga en un volumen moderado. El verdadero riesgo aparece cuando el sonido nos desconecta del entorno y dejamos de percibir información clave para una conducción segura», afirma.
El académico sostiene que la seguridad vial también depende de pequeñas decisiones cotidianas. Reducir algunos niveles el volumen del equipo de sonido puede marcar la diferencia entre reaccionar a tiempo o enfrentar un desenlace fatal.
«Conducir no solo implica dirigir un vehículo; también exige mantener la atención donde realmente importa: en el camino. Bajar el volumen también puede salvar vidas», concluye Juan Videla.