El país lidera Latinoamérica con más de 10 kilos de residuos electrónicos por persona. Entre el CyberMonday y el Black Friday, las empresas renuevan computadores, celulares e impresoras, y los equipos que reemplazan suelen terminar en bodegas, cajones o en la basura común.
Cada año Chile genera cerca de 220 mil toneladas de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos, más de 10 kilos por habitante, la cifra más alta de Latinoamérica. Según el Ministerio del Medio Ambiente, solo el 4,1% se recicla.
El último trimestre concentra buena parte de la renovación tecnológica. El CyberMonday de octubre reunió a más de 500 marcas, entre ellas fabricantes de computadores y celulares, y en noviembre llega el Black Friday. Muchas empresas aprovechan además el presupuesto que les queda antes del cierre del año para cambiar equipos. Lo que casi nunca se planifica es qué pasa con los que salen de uso.
En mayo se publicó el decreto de la Ley REP para pilas y aparatos eléctricos y electrónicos. Fija metas de recolección y valorización que parten en 3% y llegan a 45% al décimo año, y empiezan a exigirse en 2028. Mientras tanto, la mayor parte de estos residuos sigue sin un destino trazable.
En las oficinas el problema se repite: notebooks que nadie volvió a usar, monitores, impresoras, cables y teléfonos que se van acumulando año tras año. “Fin de año es cuando las empresas ordenan, se cambian de oficina o cierran sucursales, y ahí aparece todo lo que guardaron por si acaso. Es un Diógenes corporativo: nadie quiere botarlo porque no sabe dónde, y termina ocupando espacio por años”, explica Juan Ianchina, gerente comercial de la gestora Bendito Residuo, que en 2025 gestionó 1.428 toneladas de residuos, un 44% más que en 2023.
A esto se suma un riesgo menos visible: los discos duros y celulares corporativos guardan correos, contratos y datos de trabajadores y clientes. Si un equipo se bota o se vende sin borrar la información, esos datos quedan expuestos.
La gestora opera con retiros SPOT, servicios puntuales que no requieren contrato permanente. Incluyen el retiro de equipos electrónicos, mobiliario y material corporativo, la destrucción confidencial de documentos y el vaciado de oficinas, bodegas o sucursales, con certificado de destrucción y trazabilidad del destino final.
“La mayoría de las empresas cree que deshacerse bien de sus equipos es caro o complicado. En la práctica, basta una cotización y un retiro para cerrar el año con la bodega vacía, los datos borrados y la certeza de que el material se recicló”, agrega Ianchina.
Para el cierre de año, desde la gestora recomiendan hacer un inventario de los equipos en desuso, borrar o destruir de forma certificada los dispositivos de almacenamiento y exigir trazabilidad del destino final, sin esperar a 2028 para empezar.