El Satélite Meteorológico Ártico de la Agencia Espacial Europea (ESA) ha marcado un hito al demostrar cómo una constelación de satélites pequeños puede revolucionar la vigilancia atmosférica, especialmente en el Ártico, una región donde la necesidad de datos meteorológicos precisos y frecuentes es cada vez más urgente debido al avance del cambio climático.
El éxito de este prototipo ha propiciado el desarrollo de la futura constelación EPS-Sterna, destinada a transformar la predicción y monitoreo climático global hasta por lo menos el año 2042.
Uno de los elementos que distinguirán al sistema EPS-Sterna será la frecuencia y rapidez en la entrega de datos: la constelación podrá proporcionar observaciones globales completas, con la mayoría de la información disponible en cerca de una hora y revisitas menores a tres horas para una misma ubicación, muy por encima de los actuales sistemas de órbita polar capaces de observar un punto solo dos veces por día.
Esta mejora permitirá seguir en tiempo real la evolución de las condiciones meteorológicas, lo que tendrá un impacto directo sobre la calidad de las previsiones, la monitorización de eventos severos y la cobertura de áreas críticas, como el Mediterráneo y el propio Ártico.
La relevancia de este avance cobra fuerza en la declaración de Ville Kangas, director del proyecto de la ESA, quien expresó su satisfacción con los resultados: “Estamos sumamente orgullosos de la misión del Satélite Meteorológico Ártico y agradezco a todos los que han participado. Desarrollamos este innovador satélite con plazos y presupuestos muy ajustados, lo que demuestra que este enfoque puede adoptarse para una constelación de este tipo de satélites”.
Kangas destacó también que, en órbita, el satélite superó las expectativas, ya que sus datos fueron empleados operacionalmente para la elaboración de pronósticos meteorológicos, una función no prevista originalmente, pero que terminó por consolidar la viabilidad tecnológica del sistema.
El Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (CEPMPM) validó la utilidad de las observaciones provenientes del radiómetro de microondas embarcado en el satélite, al decidir incorporarlas a sus modelos de predicción. Este instrumento ha suministrado información precisa sobre la humedad atmosférica y la temperatura, dos variables cuya variabilidad en el Ártico tiene enormes efectos sobre la exactitud de los pronósticos, ya que el vapor de agua tiende a cambiar rápidamente en estas latitudes.
El respaldo institucional del CEPMPM y el hecho de que las mediciones complementan datos suministrados por grandes satélites de entidades como la Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos (Eumetsat) y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), entre otras, dan fe del salto cualitativo logrado por la ESA en el segmento de satélites compactos de observación terrestre.
El programa que da continuidad a este logro, EPS-Sterna, ha sido confirmado por Eumetsat, organismo encargado de impulsar misiones meteorológicas en cooperación con agencias nacionales e internacionales. De acuerdo con Eumetsat, la constelación estará integrada por seis satélites principales, a los que se añadirán dos satélites de repuesto para garantizar la continuidad. El plan prevé dos reabastecimientos durante la vida útil de la misión, con lo que se construirán veinte unidades en total, protegiendo así la integridad de los datos y la resiliencia del sistema hasta 2042.
La Agencia Espacial Europea se encargará de gestionar la adquisición de estos satélites bajo un modelo de gestión compartida similar al empleado en las misiones Meteosat y MetOp, otras piezas clave de la infraestructura meteorológica europea. El convenio formal que establecerá el reparto exacto de funciones entre la ESA y Eumetsat está próximo a ser suscrito, confirmando la solidez del proceso.
El radiómetro de microondas, esencia tecnológica tanto del prototipo como de los futuros satélites de la constelación, tiene la capacidad de recolectar y transmitir información sobre el vapor de agua y la temperatura atmosférica con un nivel de detalle que permitirá a los centros meteorológicos mejorar la exactitud del estado inicial de la Tierra a partir del cual se calculan los modelos predictivos.
Esta precisión resulta indispensable en el actual contexto de acelerado calentamiento del Ártico, donde los cambios en la humedad pueden tener consecuencias significativas en los sistemas meteorológicos que, en última instancia, afectan y a veces se intensifican en territorios como Europa.
La eficiencia del Satélite Meteorológico Ártico y su integración al flujo operacional han sido posibles gracias al enfoque de Nuevo Espacio adoptado por la ESA, agilizando el ciclo de diseño, ensamblaje y despliegue. En apenas tres años y con un presupuesto limitado, el satélite estuvo listo y fue lanzado en agosto de 2024, marcando un contraste notable con los cronogramas y costos asociados a grandes satélites convencionales.
Este récord de eficiencia no solo impulsó el uso de los datos del satélite más allá de lo que exigía la misión original, sino que también demostró que el modelo de rápido desarrollo y bajo coste puede aplicarse exitosamente a sistemas más amplios, como la constelación EPS-Sterna.
El diseño de EPS-Sterna ofrece ventajas determinantes: no solo mejorará el seguimiento de fenómenos meteorológicos graves en zonas vulnerables, sino que también cerrará lagunas críticas de datos sobre el Ártico, facilitando una mayor comprensión de los procesos que en esa región se generan y repercuten sobre el clima global.