Cooperativa de rederas de Caldera cuenta con nuevo espacio productivo gracias al aporte de CMP e IMOPAC

La ceremonia contempló un momento de reconocimiento a Lidya Gumucio, fundadora y presidenta de la cooperativa, destacando su legado y su significativo aporte al desarrollo y fortalecimiento de las rederas y rederos del mar de Caldera.

En Caldera, donde el mar define la identidad y el sustento de muchas familias, se llevó a cabo la ceremonia de entrega del proyecto “Mejoramiento de espacio productivo para la Cooperativa COPREDCAL”. La iniciativa fue desarrollada en conjunto entre Compañía Minera del Pacífico, IMOPAC y la Mesa de Mujeres de la Pesca Artesanal, con el propósito de poner en valor el trabajo de quienes confeccionan y reparan redes, y de promover condiciones adecuadas para el desarrollo de sus actividades, fortaleciendo su organización y proyección productiva en el territorio.

La iniciativa pone en el centro el reconocimiento y la dignificación del trabajo de las mujeres de mar, quienes durante años han sostenido una labor esencial para la pesca artesanal en condiciones de invisibilidad. Hoy, este nuevo espacio productivo no solo mejora sus condiciones de trabajo, sino que también impulsa su formalización, autonomía económica y reconocimiento, en línea con los avances del país en equidad de género.

Desde CMP, este tipo de iniciativas reflejan un propósito mayor: impulsar una minería distinta, que no solo convive con su entorno, sino que contribuye activamente a su desarrollo. Una minería que genera valor más allá de su operación, fortaleciendo otras actividades productivas y dejando capacidades instaladas en las comunidades.

“La pesca artesanal es uno de los sectores productivos más relevantes del territorio, por lo que su desarrollo y diversificación son fundamentales. En ese camino, hemos puesto especial foco en las mujeres de mar y las rederas, a quienes hemos acompañado desde sus inicios en su proceso de formalización y constitución como cooperativa. Sabemos que las mujeres representan entre el 70 y 72% de la fuerza laboral del sector a nivel nacional, lo que da cuenta de su rol clave. Por eso, estamos orgullosos de lo que han logrado en estos años y, como compañía, seguiremos apoyando a este rubro para que se proyecte en el tiempo, porque somos parte de este territorio y creemos en crecer junto a sus comunidades”, señala Sandra Ortíz, superintendente de Relacionamiento y Valor Territorial de CMP.

Desde IMOPAC, Constanza Arancibia, jefa de Medio Ambiente y Comunidades destaca que, «En IMOPAC entendemos que operar en un territorio implica una responsabilidad real con las personas que viven en él. Este proyecto con las mujeres rederas de Caldera no es un gesto aislado: es parte de nuestra forma de entender la sostenibilidad, que va mucho más allá de la de la operación. Nuestra gente es 96% local, y eso nos compromete a aportar al desarrollo de las comunidades que nos acogen. Nos alegra haber contribuido a que estas trabajadoras cuenten con un espacio digno para seguir haciendo lo que hacen con tanto esfuerzo y orgullo.»

El proyecto, además, incorpora soluciones concretas de sostenibilidad, como el uso de energías limpias y la reutilización de recursos, dando cuenta de que el desarrollo puede —y debe— ser responsable con el entorno.

Este espacio también tiene un profundo valor humano, marcado por el legado de liderazgo de su fundadora y presidenta, Lidya Gumucio, cuya visión y compromiso siguen presentes en cada avance de la cooperativa. Su historia refleja que el desarrollo territorial no se trata solo de inversión, sino también de personas, comunidad y propósito compartido.

“Este espacio que hoy se habilita es muy importante para nosotras. También lo es la visibilidad que le da al legado que dejó mi tía, Lidya, tras su partida. Ella siempre soñó con que nuestro trabajo fuera reconocido, que tuviera la dignidad que merece, porque durante mucho tiempo enfrentamos discriminación, tanto dentro del rubro como desde fuera, por ser mujeres y por la labor que realizamos. Hoy, el poder conformarnos como cooperativa y contar con un espacio físico que refleja ese camino y su legado es profundamente significativo. Es un logro colectivo, pero también un momento muy especial para recordarla y honrar todo lo que nos enseñó”, comenta María Gumucio, secretaria de COPREDCAL.

Hoy, COPREDCAL no solo inaugura un espacio productivo: consolida un paso hacia un futuro más justo, más visible y con mayores oportunidades para las mujeres de la pesca artesanal.

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