Empresas refuerzan estrategias de resiliencia ante el creciente riesgo de interrupciones eléctricas

La continuidad energética gana relevancia en sectores donde una detención operacional puede afectar servicios esenciales, procesos productivos y la disponibilidad de infraestructura crítica.

La continuidad energética se ha transformado en un factor determinante para el funcionamiento de industrias cada vez más dependientes de la tecnología, los datos y la conectividad. Desde hospitales y sistemas de transporte hasta operaciones mineras, instalaciones industriales y servicios financieros, garantizar el suministro eléctrico ya no solo responde a una necesidad operativa, sino también a la capacidad de asegurar la continuidad de servicios esenciales y la competitividad de las organizaciones.

La importancia de este desafío quedó en evidencia tras el apagón masivo registrado el 25 de febrero de 2025, que afectó al 98,5% de la población del país, desde Arica hasta Los Lagos, y dejó sin suministro eléctrico a millones de personas durante varias horas. Más allá del impacto en los hogares, la emergencia expuso la dependencia de sectores estratégicos respecto de una infraestructura energética confiable, afectando servicios públicos, telecomunicaciones, transporte y diversas actividades productivas.

En un escenario marcado por el avance de la digitalización, la automatización de procesos y la creciente adopción de tecnologías basadas en inteligencia artificial, especialistas coinciden en que la resiliencia energética está adquiriendo un rol cada vez más relevante dentro de las estrategias de continuidad operacional de empresas e instituciones.

En ese contexto, César González, gerente de Desarrollo de Negocios para Secure Power en Sistemas de Schneider Electric, señala que “el apagón que vivió Chile evidenció algo que muchas organizaciones daban por sentado: la energía no solo mantiene encendidas las operaciones, sino que sostiene servicios críticos para la economía y las personas. Hoy la continuidad energética debe ser parte de la estrategia de resiliencia de cualquier organización, especialmente en un contexto donde la digitalización y la inteligencia artificial aumentan la dependencia de la infraestructura tecnológica”.

La creciente preocupación por fortalecer la continuidad operativa ha impulsado el desarrollo de nuevas soluciones orientadas a resguardar aplicaciones críticas frente a interrupciones del suministro eléctrico. En línea con esta tendencia, Schneider Electric anunció la llegada a Chile de Easy UPS 3S Pro, un sistema de alimentación ininterrumpida (SAI) trifásico diseñado para proteger la operación de centros de datos, instalaciones industriales e infraestructura crítica.

La solución busca responder a los desafíos que enfrentan sectores como salud, minería, manufactura, transporte, retail, servicios financieros y organismos públicos, donde una interrupción inesperada puede traducirse en pérdidas operacionales, afectación de servicios esenciales o impactos económicos relevantes.

Con una capacidad de entre 10 y 40 kVA, el equipo incorpora tecnología de doble conversión online, considerada el más alto nivel de protección en sistemas UPS, al aislar completamente las cargas críticas frente a cortes de energía, variaciones de voltaje y otras perturbaciones de la red eléctrica. Además, cuenta con capacidades avanzadas de monitoreo y conectividad, incluyendo integración con EcoStruxure IT para supervisión y gestión remota en tiempo real. Su diseño compacto combina una alta eficiencia energética —con factor de potencia de salida de 1.0 — con la robustez necesaria para operar en entornos exigentes. Asimismo, permite incorporar módulos de batería externos (EBM), facilitando la ampliación de la autonomía de acuerdo con los requerimientos de cada instalación.

De acuerdo con González, este tipo de soluciones permite mantener la continuidad del suministro durante el tiempo necesario para activar sistemas de respaldo complementarios, evitando que procesos críticos se vean afectados por interrupciones inesperadas y contribuyendo a fortalecer la resiliencia de las organizaciones frente a contingencias energéticas.

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