Irán advirtió que afronta una «guerra a gran escala» contra Estados Unidos, que lanzó por novena noche consecutiva una nueva ola de bombardeos contra su territorio, incluida la ciudad de Bushehr, sede de la única central nuclear en funcionamiento del país. “La realidad es que hoy la República Islámica de Irán está inmersa en una guerra a gran escala”, dijo el presidente iraní, Masud Pezeshkian. Los ataques dejaron un muerto y varios heridos en Tabriz, a más de 1.000 kilómetros del Golfo, y heridos adicionales en la ciudad de Urmia. Según el último balance oficial, la guerra ya deja 50 muertos y más de 500 heridos del lado iraní, y 17 militares estadounidenses muertos desde su inicio, el 28 de febrero.
En un nuevo giro de la escalada, los hutíes de Yemen, alineados con Irán, anunciaron un bloqueo naval a Arabia Saudita, en respuesta a lo que calificaron como un “cerco injusto” saudita contra Yemen. El movimiento abre un nuevo frente y amplía la amenaza al suministro energético mundial, ya que el cierre total del estrecho de Bab el-Mandeb reduciría el suministro global de petróleo en un 7%, un golpe que se sumaría al recorte del 10% ya provocado por la guerra en el Golfo. El Brent cotiza en torno a los $88,55 el barril, tras la reimposición del bloqueo iraní al estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra circulaba una quinta parte del comercio mundial de hidrocarburos.
En medio de la escalada militar, persisten los esfuerzos diplomáticos: un funcionario iraní confirmó que Teherán recibió una propuesta de mediadores para un alto el fuego de 10 días, mientras el ministro del Interior, Eskandar Momeni, viaja a Pakistán —uno de los mediadores junto con Catar y Omán— para pedir que retome ese rol. La UKMTO británica reportó además un buque en llamas cerca de la localidad omaní de Kumzar, y los Guardianes de la Revolución iraníes afirmaron que dos buques que intentaban cruzar el estrecho de Ormuz “explotaron y fueron detenidos”.