Profesores, vendedores y locutores: los trabajadores con mayor riesgo de sufrir una hemorragia de cuerda vocal

El diagnóstico de hemorragia de cuerda vocal de la humorista Pamela Leiva, quien recientemente reveló en un podcast que deberá someterse a una cirugía a fines de este año y permanecer un mes sin hablar durante su recuperación, volvió a poner sobre la mesa una lesión que, si bien suele asociarse a cantantes o artistas, también puede afectar a miles de personas que utilizan la voz como principal herramienta de trabajo.

“La voz también se entrena y se cuida”, dice Mg. José Miguel González de UST.

Para el fonoaudiólogo y académico de la carrera de Fonoaudiología de la Universidad Santo Tomás, sede Santiago, Mg. José Miguel González, especialista en voz artística y patológica, este tipo de lesiones no aparece de forma espontánea, sino que suele ser la consecuencia de una sobrecarga sostenida del sistema vocal.

“La hemorragia de cuerda vocal ocurre cuando se rompe un pequeño vaso sanguíneo al interior del pliegue vocal, alterando su vibración normal y provocando un cambio brusco en la voz, como disfonía, ronquera intensa o pérdida de intensidad vocal”, explica el especialista.

Sin embargo, aclara que la hemorragia no constituye la enfermedad en sí. “Es la consecuencia de una cuerda vocal sometida a un nivel de estrés superior a su capacidad de adaptación. Por eso, además de tratar la lesión, es fundamental identificar qué provocó esa sobrecarga para disminuir el riesgo de que vuelva a ocurrir”, señala.

Más que hablar fuerte: los factores que aumentan el riesgo

Aunque muchas personas creen que este tipo de lesiones ocurre únicamente por gritar o levantar la voz, González explica que el problema suele ser el resultado de una combinación de factores que, mantenidos en el tiempo, terminan sobreexigiendo las cuerdas vocales.

Entre ellos menciona el uso excesivo de la voz, una técnica vocal ineficiente, hablar durante largas jornadas sin pausas, la falta de hidratación, fumar, dormir poco o continuar utilizando la voz pese a sentir fatiga vocal. A ello también pueden sumarse procesos inflamatorios o lesiones benignas preexistentes.

El académico enfatiza que el riesgo no es exclusivo del mundo artístico, ya que muchas profesiones exigen un uso intensivo de la voz durante toda la jornada laboral.

“Profesores, educadores, locutores, abogados, vendedores, personal de salud, entrenadores y trabajadores de centros de atención telefónica, entre muchos otros, realizan una alta demanda vocal todos los días. La voz también se entrena y se cuida. Así como un deportista protege sus músculos, quienes dependen de su voz necesitan aprender a utilizarla de forma eficiente y mantener hábitos de higiene vocal que permitan prevenir lesiones”, afirma.

Las señales de alerta que no deben ignorarse

Si bien una alteración de la voz durante un resfrío puede ser esperable, el especialista advierte que existen síntomas que requieren una evaluación profesional.

Una pérdida brusca de la voz, un cambio importante en su calidad o una disfonía que persista por más de dos semanas son señales que no deben pasarse por alto, especialmente en quienes dependen de su voz para trabajar.

“En quienes trabajan con su voz, un cambio repentino debe considerarse una señal de alerta y no esperar a que se pase sola. Un diagnóstico precoz permite identificar la causa del problema e iniciar el tratamiento oportunamente, favoreciendo una recuperación más rápida y disminuyendo el riesgo de secuelas”, explica.

Respecto del tratamiento, González aclara que actualmente el manejo de estas lesiones va mucho más allá del reposo vocal absoluto.

Si bien en algunos casos puede indicarse un período inicial de reposo, el objetivo es modificar la forma en que la persona utiliza su voz mientras el tejido cicatriza. En este proceso, el fonoaudiólogo desempeña un papel clave al guiar la reincorporación progresiva de la producción vocal, definiendo cuánto hablar, en qué condiciones y cómo aumentar gradualmente la exigencia sin comprometer la recuperación.

“Más que pensar en un largo período de silencio, el desafío es aprender una forma de producción vocal más eficiente y saludable. Cuidar la voz es una responsabilidad permanente, especialmente para quienes dependen de ella en su vida laboral”, concluye el académico de la Universidad Santo Tomás.

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