Un estudio con participación de la Universidad de Atacama secuenció por primera vez el ADN mitocondrial completo de dos especies de caracoles terrestres del desierto costero. El hallazgo aporta nuevo conocimiento sobre una fauna poco conocida que también cobra protagonismo cuando las lluvias despiertan el ecosistema de Atacama.
Cuando las lluvias llegan a Atacama, las flores transforman el paisaje y concentran las miradas. Pero el fenómeno que conocemos como Desierto Florido es mucho más que flores: con el agua despierta todo un ecosistema, incluyendo pequeños animales que han logrado adaptarse a las condiciones extremas del desierto.
Entre ellos se encuentran Bostryx erythrostoma y Plectostylus broderipii, dos caracoles terrestres del desierto costero cuyo ADN mitocondrial completo fue secuenciado por primera vez por un equipo científico integrado por Roberto Contreras-Díaz, Rodrigo M. Barahona-Segovia, R. Catalán-Garrido, J. F. Araya, M. Arias-Aburto y C. Pizarro-Gacitúa. El estudio fue publicado en la revista científica internacional ZooKeys.
Roberto Contreras-Díaz, investigador del Centro Regional de Investigación y Desarrollo Sustentable de Atacama (CRIDESAT) de la Universidad de Atacama, es el autor de contacto de la publicación. El trabajo reunió capacidades de la Universidad de Atacama, Universidad de Los Lagos, Universidad de Concepción, CONAF y el Ministerio del Medio Ambiente.
¿Qué descubrieron?
El ADN mitocondrial es una pequeña parte de la información genética de un organismo y se encuentra en las mitocondrias, estructuras encargadas de producir energía para las células. Para la ciencia funciona como una especie de “código de barras genético”, que permite comparar especies y reconstruir parte de su historia evolutiva.
El equipo logró leer completamente este código en ambas especies: **15.525 pares de bases en Bostryx erythrostoma y 14.978 en **Plectostylus broderipii, identificando 37 genes en cada una. Los ejemplares estudiados fueron recolectados en los sectores de Barranquilla y Totoral, respectivamente.
Uno de los hallazgos más llamativos apareció en Bostryx erythrostoma. Si imaginamos su ADN mitocondrial como un collar circular donde cada cuenta representa un gen, los científicos encontraron que algunas de esas “cuentas” están ordenadas de una forma que no había sido observada previamente en otras especies de su familia.
El resultado fue comprobado mediante distintos métodos y también observado en otro genoma de Bostryx analizado por el equipo, lo que refuerza la posibilidad de que se trate de una verdadera firma genética de estos caracoles del desierto de Atacama.
La investigación también identificó genes que comparten pequeñas secciones de información y una particular composición del ADN: cerca del 70% de sus “letras” genéticas corresponden a A o T, característica frecuente en este grupo de caracoles terrestres.
El desierto florido también tiene fauna
Estos resultados permiten mirar el desierto florido desde una perspectiva más amplia. Las precipitaciones no solo favorecen la aparición de flores: también activan una red de vida de la que forman parte especies pequeñas y poco visibles, pero igualmente importantes para comprender la biodiversidad del desierto costero.
Hasta ahora existía poca información genética sobre estos caracoles. Contar con sus genomas de referencia entrega una base para futuras investigaciones que permitan estudiar la diversidad genética de sus poblaciones y generar evidencia para conocer mejor su estado de conservación. Actualmente, ninguna de las dos especies posee una categoría oficial de conservación de la UICN.
“Cuando pensamos en el Desierto Florido, casi siempre imaginamos sus flores, pero ellas son solo la parte más visible de un ecosistema completo que despierta con las lluvias. Estos caracoles han logrado adaptarse a uno de los ambientes más extremos del planeta y, hasta ahora, contábamos con muy poca información genética sobre ellos. Secuenciar por primera vez sus genomas mitocondriales nos entrega una base fundamental para comprender su historia evolutiva y avanzar en el conocimiento de su diversidad y conservación. En esta nueva temporada de desierto florido 2026, la invitación es a disfrutar sus colores, pero también a mirar más allá de las flores: bajo nuestros pies también despierta la vida. Cuidar el desierto florido es proteger todo un ecosistema único, diverso y frágil”, destacó Roberto Contreras-Díaz, investigador del CRIDESAT de la Universidad de Atacama.
Ciencia colaborativa desde Atacama
La investigación fue financiada por el Gobierno Regional de Atacama, a través del proyecto FIC “Propagación de Plantas” (BIP 40057824), y contó con apoyo institucional de la Universidad de Atacama.
Asimismo, la investigación contó con el correspondiente permiso de investigación del Ministerio del Medio Ambiente (MMA), mientras que la publicación del trabajo contó con el valioso apoyo de la Universidad de Los Lagos.
El estudio refleja así el valor de la colaboración entre investigadores e instituciones para generar conocimiento sobre la biodiversidad regional y entregar nuevas herramientas para comprenderla y protegerla.
Porque cuando Atacama florece, no solamente cambia el color del paisaje: despierta un ecosistema completo y, en algunos de sus habitantes más pequeños, todavía existen historias evolutivas que la ciencia recién comienza a descubrir.