Tres días antes de llegar al puerto ecuatoriano de Manta, dos buques militares de Estados Unidos participaron conjuntamente en un entrenamiento de interdicción marítima en el Pacífico oriental. El ejercicio antecedió al arribo del USS San Antonio (LPD-17) y el USS Gridley (DDG-101), cuya presencia en Ecuador se produce en momentos en que Quito y Washington amplían su cooperación para combatir al narcotráfico.
Los dos navíos llegaron a Manta el 24 de agosto. La presencia del USS San Antonio fue conocida inicialmente como una escala destinada al aprovisionamiento de víveres, suministros e insumos. Posteriormente se confirmó que el USS Gridley, un destructor de misiles guiados, también se encontraba en el puerto manabita.
La secuencia previa al arribo permite situar la visita dentro de un despliegue estadounidense más amplio. El 21 de agosto, integrantes de la Littoral Combat Force-24 y marinos del USS San Antonio realizaron junto al USS Gridley un ensayo de una operación de interdicción marítima. Registros difundidos por las Fuerzas Armadas estadounidenses muestran al personal participando en maniobras entre ambas embarcaciones.
Las operaciones de interdicción marítima pueden incluir la detección, aproximación, inspección y detención de embarcaciones sospechosas, dependiendo de las atribuciones legales y las características de cada misión. Son una de las herramientas utilizadas internacionalmente para combatir actividades como el tráfico de drogas por vía marítima.
Ecuador se ha convertido en uno de los principales puntos de salida de cocaína producida en Sudamérica. Organizaciones criminales utilizan puertos, embarcaciones pesqueras, lanchas rápidas y otras modalidades para transportar cargamentos desde la costa ecuatoriana hacia rutas internacionales.
Manta ocupa una posición relevante dentro de ese escenario por su infraestructura portuaria y su ubicación sobre el Pacífico. La ciudad también mantiene un antecedente particular en la relación militar entre ambos países: entre 1999 y 2009 funcionó allí un puesto avanzado estadounidense destinado principalmente a operaciones de vigilancia antidrogas.
La actual presencia de los buques, sin embargo, no supone el restablecimiento de aquella instalación.
Ambos buques llegaron después de varias semanas de despliegue en el Pacífico oriental y apenas tres días después de entrenar conjuntamente una operación de interdicción marítima, una capacidad que Ecuador busca fortalecer en su estrategia contra las rutas marítimas del narcotráfico.